Nacido como Carlos Suárez Alonso (Turón, 1960) hoy me reconocen como Karolo Suárez.
La primera cámara fotográfica cayó en mis manos en la juventud, era una Kodak Instamatic 25, apuntar y disparar; solo se necesitaba saber si había que poner el selector en sol o sombra, después apretar el botón de disparo, y listo. Qué fácil era entonces, o que difícil, según se mire. Posteriormente me llegó una réflex de carrete y la cosa se complicó un poco más.
La fotografía gana terreno definitivamente en mi interés y las dificultades aumentan exponencialmente. La técnica pasa a ser una obsesión… hasta que un día descubro que lo realmente trascendental son las palabras dichas por Ansel Adams: lo importante es lo que está justo detrás de la cámara; y se acabó la paz para siempre.
Actualmente utilizo cámaras digitales, con escarceos en lo químico. A veces, me pregunto y me respondo: ¿por qué renunciar a nada? Las técnicas están ahí y siguen siendo un recurso creativo a utilizar.
Mi fotografía se circunscribe principalmente a la arquitectura sin apartarme de la práctica de otros géneros.
Actualmente ya no concibo mi vida sin estar en los alrededores de la fotografía, ya no me es posible. Solamente espero disfrutar muchos más años de esta actividad tan enriquecedora.